Publicado originalmente en www.lasegunda.com "Zona de Opiniones", 24-Ago-2007
En los últimos días hemos sido testigos del intercambio de opiniones sobre el sueldo o ingreso mínimo. ¿Debe establecerse por ley o no? ¿Sueldo mínimo, sueldo sugerido o sueldo ético? ¿Familiar o individual? ¿Qué monto debe tener? ¿Debe financiarse por el empleador, por el empleado, por el fisco o en forma mixta? En fin, muchas interrogantes.
Monseñor Goic, Presidente de la Conferencia Episcopal Chilena, ha sugerido el establecimiento de un sueldo ético y ha propuesto que éste debiera ascender a $ 250.000 mensuales aproximadamente.
El estudio económico de las variables que influyen sobre el ingreso de las personas empleadas nos ha demostrado que éste depende de la productividad de ellas, de la escasez de mano de obra y de la cantidad de proyectos que necesiten más “recursos humanos”. Además podríamos agregar un cuarto factor, que yo diría que es más artificial, ya que no está dado a priori, sino que los hombres lo creamos convencionalmente. Me refiero a las regulaciones, leyes, trabas, requisitos, protecciones, etc. que suele imponer el fisco, con mayor o menor acierto.
Mirado desde ese punto de vista, si la mano de obra es poco productiva, si es relativamente abundante y los proyectos no son muchos (y además el fisco eleva el riesgo y los costos de contratar a través de múltiples leyes y regulaciones), pareciera que no hay forma de manipular el valor de equilibrio que el juego natural de estos factores alcanzará. No importará que todos estuviéramos de acuerdo que el resultado es demasiado bajo. La fuerza de estas variables parecerá ser incontrarrestable y sus resultados tan inmanipulables como los de una calculadora electrónica que al ingresar 2 + 2 siempre dará 4 como resultado.
Me gustaría detenerme más detalladamente en cada uno de estos factores. Partamos por la productividad de los empleados chilenos. Se sabe que es muy baja. ¿Por qué? ¿Tenemos algún problema genético que nos impide trabajar mejor? Claro que no. Si la productividad es baja es porque - aún considerando la mala educación y capacitación laboral que recibe la mayoría de los chilenos – en gran medida hay algo que está mal pensado o mal organizado en el trabajo. Planteémonos las siguientes preguntas: ¿Qué incentivos hay para ser más productivos? ¿Se premia de alguna forma la mayor productividad? Si se contrata a dos personas para ejercer la misma función, ¿se le ofrece un mejor salario a aquél que por su currículum y capacitación muy probablemente va a ser más productivo? Yo diría que al revés, lo que se oye hoy es el simplista slogan “igual función, igual salario”. ¿Qué prefieren los que toman decisiones de contratación de empleados? ¿Un regimiento de personas mal pagadas o un grupo pequeño bien seleccionado, bien capacitado para los puestos que se buscan y por supuesto mejor pagados? Todo indica que prima lo primero. Un ejemplo: una empresa que me tocó conocer tenía un área de comercio exterior. En ella se contrataba mucho personal a bajo sueldo y a la hora de fijar el salario no se hacía diferencia, por ejemplo, si los postulantes dominaban el inglés o no (cuestión fundamental en el comercio exterior). Aprender inglés demanda esfuerzo, tiempo y dinero. Si no se va a premiar con mejor remuneración, me pregunto ¿para qué debiera una persona adquirir ese idioma?
El segundo aspecto, la escasez de mano de obra, va unido al anterior. Nuestro país cuenta con miles y miles de personas mal educadas y mal capacitadas. Si no se contrata a uno, hay una fila esperando. En este escenario, ¿qué posibilidades hay de negociar un buen sueldo?
Luego está el tercer factor: la cantidad de proyectos demandantes de mano de obra. La respuesta no es absoluta. Estamos en un mundo globalizado y competitivo. Para un emprendedor, ¿qué es más fácil hoy? ¿Invertir en Chile y dar empleo, o importar desde China?, ¿instalar una fábrica en nuestro país o en países vecinos que le dan más facilidades y lo hostigan menos? Si hubiera el doble de proyectos de inversión dentro de nuestro país, probablemente la cesantía y los bajos salarios no serían tema. ¿Qué estamos haciendo para que sea atractivo invertir aquí y no en el extranjero?
El cuarto punto va muy unido al anterior: las regulaciones estatales. ¿Cuántas leyes de las que ha despachado el Parlamento en el último tiempo son hostiles al emprendimiento y cuántas le son favorables?
Es fácil llegar a la conclusión que estos 4 factores son en realidad interdependientes. Se puede generar un círculo virtuoso o vicioso entre ellos. Puede ocurrir que las ganas de emprender se reduzcan porque la productividad es baja, entonces la gente pierda el interés en capacitarse mejor, porque no percibe mayores perspectivas, el estado interviene para mejorar la situación creando más leyes y regulaciones, etc., etc., etc. Pero también podemos gatillar el círculo contrario: premiar más a los más productivos, para que sea atractivo esforzarse y aprender más, entonces la productividad promedio mejorará y eso atraerá más proyectos, que demandarán más mano de obra, lo que subirá los ingresos, el estado intervendrá menos, etc., etc., etc. Sin embargo, tengo la impresión que en nuestro país hemos tendido a caer en el círculo contrario: maligno y mezquino. Preferimos hacer el negocio pequeño, seguro, sin riesgo, produciendo menos, pero sin arriesgar mucho. No sólo a nivel privado, sino también en el ámbito estatal: en vez de realizar proyectos completos, los hacemos a medias, como el Transantiago, la educación, la salud, las cárceles concesionadas, etc. (tal vez una excepción han sido las carreteras y antiguamente el Metro).
Este artículo es una invitación a romper el círculo de la mezquindad y lo pequeño y pensar en grande. Mejoremos nuestra productividad. Premiemos claramente a los que se esfuerzan y mejoran sus rendimientos. Un círculo vicioso se puede romper y uno virtuoso se puede iniciar en cualquier eslabón, pero obviamente la mayor responsabilidad la tienen los líderes, llámense empresarios, jefes, profesionales, políticos, ministros o técnicos. En este sentido, las declaraciones de Mons. Goic son una exhortación en la dirección correcta.
Patricio Carvajal Masjuán
Ingeniero Comercial por la Universidad de Colonia, Alemania
Director Nacional
Fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre (AIS)
* Una fundación de la Iglesia Católica

Deseo que se conteste quenes recibiran el sueldo ético